
A veces el trabajo y las obligaciones cotidianas son como una droga. Satisfacen nuestra ansiedad y más que buscar en ellas una orientación de fondo a nuestras vidas, nos transforman en trabajólicos, como aquellos que arrancan de la realidad y de sí mismos... La verdad es que muchas veces nos cuesta detenernos a hacer silencio y asumir las obligaciones pendientes, como la de, ni más ni menos, madurar como personas...

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